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martes, 22 de junio de 2010

  • Las mujeres embarazadas que viven cerca de estas instalaciones no tienen mayor riesgo
(Ilustración de Nacho Moreno)
LAURA TARDÓN
(Ilustración de Nacho Moreno)Si usted está embarazada y vive cerca de una instalación de antenas de telefonía móvil, no se angustie por su estado de salud o el de su futuro bebé. Un estudio publicado en 'British Medical Journal' acaba de confirmar que no existe relación entre el cáncer infantil y la exposición de la madre a este tipo de campos electromagnéticos durante el embarazo.

Investigadores del Imperial College de Londres han analizado a cerca de 7.000 niños hasta los cuatro años de edad. De estos, 1.397 tenían cáncer (tumores cerebrales, linfomas no hodking o leucemia). "Tomamos nota de la distancia entre su casa y la instalación de antenas, la energía y la potencia de dichas estaciones". Así es como Paul Elliott, principal autor de este trabajo y su equipo observaron que los tres valores eran similares tanto en los pequeños con cáncer como en los que no tenían esta enfermedad.
Según recoge el artículo, la distancia media en el primer grupo era de 1.107 metros y en el segundo de 1.073 metros. En el trayecto más corto registrado, de unos 700 metros, "la energía en el grupo afectado era de 2,89 kilovatios y en los participantes sanos de 3 kilovatios". En cuanto a la potencia, el número de decibelios también era muy parecido en ambos casos.
El efecto que estas antenas tienen sobre la salud ha sido y sigue siendo objeto de estudio entre los expertos, también de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, a pesar de los numeros trabajos que ya se han publicado al respecto, la existencia o no de efectos cancerígenos es muy controvertida aún. Además, "los análisis desarrollados hasta ahora son difíciles de interpretar porque cuentan con una muestra pequeña de participantes", comenta Paul Elliott.
"Creo que este estudio aclara bastante las cosas. No sólo es un trabajo muy importante y riguroso, sino que aporta un mensaje interesante y tranquilizador", señala María Jesús Cancelo, ginecóloga del Hospital Universitario de Guadalajara y aseosra de ELMUNDO.es.
En definitiva, y según los resultados de esta investigación, queda descartada la relación entre cáncer infantil y la exposición previa de la madre durante el embarazo en zonas donde hay antenas. Según señala John Bithell, de la Universidad de Oxford, en un editorial adjunto que se publica en la misma revista, dados los resultados, "los médicos deberían tranquilizar a los pacientes para que no se preocupen por la proximidad de sus casas a las denominadas estaciones base (o antenas)".
Los efectos que puedan tener otras fuentes de radiofrecuencia, tales como el propio uso del móvil, la televisión o la radio, tendrán que ser examinados en otras investigaciones porque "nosotros lo hemos estudiado en esta ocasión".
Por su parte, y en respuesta a la preocupación pública por este tema, la OMS está desarrollando un proyecto internacional para evaluar los riesgos que tiene sobre la salud la exposición a los campos de radiofrecuencia. Además, el Centro Internacional de Investigaciones sobre Cáncer, dependiente de la OMS, tiene previsto analizar el potencial carcinógeno de los teléfonos móviles.

jueves, 10 de junio de 2010

En la gestación no hay que comer por dos

  • El aumento de peso excesivo en el embarazo suele provocar complicaciones en el parto
Ilustración: Roberson.CRISTINA DE MARTOS
Uno de los clichés que rodean a la mujer embarazada es que debe comer por dos. La política seguida siempre por los ginecólogos ha sido la del "engorde libre" pero ahora están dando marcha atrás debido a que un excesivo aumento de peso de la madre repercute de forma negativa en la salud de su hijo.
"El problema del peso materno es doble", explica Antonio González, jefe del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario de La Paz (Madrid). "En primer lugar porque puede provocar la aparición de preeclampsia (un trastorno hipertensivo), pero también porque aumenta el peso del feto e induce macrosomía".

No ocurre en todos los embarazos, pero lo normal es que la ganancia de peso de la mujer influya en el del niño. Durante la gestación esto no tiene por qué suponer problema alguno, pero un feto que pesa más de 4.000 ó 4.500 gramos puede tener serias complicaciones en el parto.
Con una población cada vez más obesa, los casos de niños de excesivo tamaño son cada vez más frecuentes. En un estudio de la Universidad de California (San Francisco, Estados Unidos) realizado con más de 20.000 mujeres, el 43,3% de las embarazadas engordó por encima de lo recomendado por las guías clínicas del Instituto de Medicina. Además, cerca del 30% superó los 18 kilos, el límite superior establecido, sea cual sea el peso inicial de la mujer.

Niños demasiado grandes

Los niños nacidos de estas madres tenían tasas más altas de macrosomía y talla excesiva para la edad gestacional, puntuaciones bajas en el test de Apgar (que evalúa como responden tras el parto), ventilación mecánica, infecciones, admisión en cuidados intensivos, estrés respiratorio y estancia prolongada en el hospital.
Todos estos problemas son consecuencia del tamaño excesivo del feto que dificulta su paso a través del canal del parto y enlentece su expulsión. "Cuantas más horas dure el parto y, sobre todo, la fase expulsiva, más repercusiones tiene sobre la salud del niño", explica González.
La desproporción pélvico-cefálica, cuando la cabeza del feto es más grande que la pelvis de la madre, dificulta el paso del bebé. En consecuencia, lo más probable es que el parto se prolongue más de lo recomendado, con la dificultad añadida de que no existe un método fiable para determinar el peso del feto antes del alumbramiento por lo que los médicos se basan en suposiciones clínicas.
"La práctica habitual es que, cuando existe sospecha de macrosomía, observamos el desarrollo del parto de forma cuidadosa y si detectamos problemas en la fase expulsiva, hacemos una cesárea", señala González.

martes, 1 de junio de 2010

Después de la cesárea, ¿puntos o grapas?

 
 
LAURA TARDÓN
Grapas o puntos. ¿Cuál es la opción que mejores resultados estéticos ofrece a las mujeres que dan a luz a través de cesárea? Según un estudio publicado en 'American Journal of Obstetrics & Gynecology', no hay diferencias estéticas entre ambas posibilidades. Los efectos cutáneos dependen más de otros factores individuales como el color y el tipo de piel.

Tanto los hilos como las grapas son dos técnicas que se utilizan en la actualidad para cerrar una cesárea. "La elección de una u otra depende del médico que realice la intervención", afirma Mercedes Herrero, ginecóloga y obstetricia del Hospital Universitario Madrid Sanchinarro. Según los autores del estudio, las grapas se colocan más rápido que los puntos y evita posibles errores médicos con la aguja, pero "la decisión final del método debe contemplar el bienestar de la paciente y el conocimiento del cirujano", apostillan los investigadores.

Como explican expertos españoles, las primeras grapas dejaban bastante marca, pero han evolucionado mucho y ahora, sus efectos en la piel ya son muy similares a los de los puntos. Antonella Cromi, de la Universidad de Insubria (Varese, Italia) y sus colegas lo avalan en esta investigación, que incluye a 180 mujeres que han tenido un parto con cesárea y divididas en dos grupos.
Analizaron los resultados dos y seis meses después, concluyendo que no observaban diferencias estéticas, tampoco las percibían las propias implicadas. La mayoría de las participantes tenían cicatrices rosadas y sin crecimiento.

En definitiva, los efectos estéticos dependen, más que del tipo de sutura elegida, de otros aspectos propios de cada individuo. "La apariencia final y las características funcionales de la piel curada dependen de factores ajenos al control del cirujano", confirma la principal autora del estudio.
Por ejemplo, las mujeres con piel más oscura son más propensas que las de piel blanca a desarrollar queloides (crecimientos del tejido cicatrizado que generan picazón o dolor). En las fumadoras y las mujeres con ciertas enfermedades, como la diabetes o cualquier otro problema de salud que demanda el uso de ciertos esteroides, las heridas pueden cicatrizar más lentamente que en las demás mujeres.

"La raza, la obesidad y el tipo de piel son tres factores que influirán en los resultados estéticos finales después de la cesárea", subraya Beatriz Bueno, ginecóloga del Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reye.